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Cabo a Rabo – RMM 2021

Todo comenzó con una increíble idea de la mente de Marce “Fresa” Rentería, el reunir un grupo de mujeres para hacer Cabo a Rabo. Antes que nada, este recorrido es una ambiciosa aventura que incluye los 15 picos de un cerro llamado Mitras ubicado en Monterrey, Nuevo León, México. El primer paso era hacer un equipo, así que por azares del destino y varios ajustes que duraron aproximadamente un mes, también terminamos apuntadas a la aventura: Silvana Pacheco, Lydia Muñoz, Mónica de Martino y yo, Fátima Canales.

Para que tengan una idea, el total de esta aventura consiste en 23 kilómetros con 3600 m de desnivel y 2050 metros sobre el nivel del mar. Y los picos que lo conforman son del Agua, Alfa, Lobos, Piloto, Perico, Pirámide, Cuauhtémoc y las siete Brujas, además de un par sin nombre. Lo complejo de esta ruta es que va desde senderismo hasta escalada en roca, por lo cual se requieren conocimientos y equipo técnico de montañismo.

La idea de que un grupo de mujeres hiciera este recorrido nace de la intención de que más mujeres puedan ver que se pueden lograr las metas que nos propongamos, en la montaña y en la vida. Es como una manera de mostrar que podemos confiar en nosotras mismas y también en confiar en las capacidades de otras mujeres. También en comunicar que es posible prepararnos para cumplir las metas que nos propongamos.

El tiempo de planeación fue de poco más de un mes, en donde vimos tiempos, equipo necesario, equipo de apoyo, etc. Inicialmente estábamos apuntadas 8 mujeres, pero por distintas circunstancias no todas pudieron. Durante este tiempo de planeación también se realizó un recorrido de reconocimiento de cuatro picos y otro día de la escalada del Pico Piñón. Somos muy afortunadas, ya que necesitamos apoyo para el día del reto y lo encontramos con amigos, familiares y parejas. Además, tuvimos apoyo de otras maneras como patrocinio de playeras por parte de la marca Bam-bam, geles de Nativetech, préstamos de polainas por parte de Arctodus y Trepacerros, y México Aventurero estuvo
compartiendo nuestro proceso.

Al ser un recorrido técnico, era indispensable tener conocimientos técnicos de montañismo como manejo de cuerdas, de equipo de descenso, equipo de ascenso, escalada en roca, primeros auxilios, etc. Parte de nuestro equipo personal incluía casco, arnés, líneas de vida, equipo de ascenso y descenso, kit de primeros auxilios, kit de emergencia, zapatos de escalada, etc. Además, de necesitar una cuerda estática, una
dinámica y equipo para anclaje. Esto es parte de la belleza del Cabo a Rabo, que es muy completo el recorrido y a la vez eso la hace sumamente entretenido.

Después de planear la logística decidimos la fecha ideal, lamentablemente sucedió la tragedia de los incendios forestales en la sierra de Arteaga y decidimos cambiar la fecha, por lo cual terminó siendo el 26 de marzo. Era importante para nosotras que fuera en marzo, por ser el mes que conmemora el día internacional de la mujer, además, para evitar la temporada de calor.

Para el reto, decidimos que le sacaremos lo más que pudiéramos la vuelta al sol, así que comenzamos el viernes en la noche, a las 9 pm. Sin embargo, un aprendizaje que tuvimos fue que vale más descansar bien previamente a una aventura de este tipo, ya que todas tuvimos nuestra jornada laboral regular y directo nos pasamos al recorrido. Decidimos realizar el recorrido Oriente a Poniente, ya que en ese sentido ya lo conocían Fresa y Lydia, así que comenzamos a subir por San Pedro 400. Tomamos un muy buen paso, ya que la noche estaba a nuestro favor, no era calurosa y nos iluminaba una bella luna mientras caminábamos. Decidimos comenzar por un nuevo pico que comenzó a tener
popularidad durante la pandemia, conocido como Pico del Agua, de ahí continuamos constantes hasta Pico Alfa y siguiendo a Pico Lobos.
Desde las cumbres celebrábamos y veíamos como nos acompañaba a lo lejos la ciudad de noche. Íbamos tan emocionadas y a tan buen paso que nos dimos cuenta de que habíamos calculado mal los tiempos ya que íbamos mucho más rápido de lo que habíamos planeado. Comenzamos a comunicarnos con las personas que nos estaban apoyando y a cambiar los tiempos de la logística dentro de nuestras posibilidades. Dentro de estos ajustes tuvimos suerte, ya que Alberto Licón y Alejandro Pantoja nos apoyaron a subir equipo para poder llegar a Pico Piloto y justo coincidimos para poder continuar nuestro camino con el equipo que necesitábamos. Comenzamos a bajar por el Pico Piloto por medio de rapeles en puntos que considerábamos más críticos. Antes de la “V” tomamos un descanso, donde Dorian Dieter y José Pablo Payró nos apoyaron llevándonos equipo, comida y un delicioso café.

Continuamos el camino y apretamos la marcha, cruzamos las cuevas, hicimos la popular escaladita y subimos a Pico Perico en donde nos tocó ver el más bello amanecer, donde podíamos observar los picos ya recorridos de un lado y del otro lado los picos que aún nos faltaban, mientras veíamos la luna llena de fondo despidiéndose. Nos detuvimos unos momentos para comer y continuamos el camino a Pico Pirámide. La preocupación era que ya había salido el sol y ahora tendríamos un incremento de temperatura. Continuamos y llegamos a un puerto donde nos esperaban Adrián Perales, Anabel Olivas, Melissa Rodríguez, Dorian y José Pablo. Nos sentimos muy afortunadas de que nos acompañaran en esta aventura, tuvimos un breve descanso, dejamos nuestras cosas con ellos y fuimos a la base de Pico Piñón. Ahí puntié la ruta de escalada y poco a poco comenzó a subir el resto del equipo, en ese momento ya se sentía un fuerte calor, ya que nos encontrábamos en un área sin sombras y a pesar de ser aún temprano, el calor si causaba sus estragos.

Bajamos al puerto y tuvimos un descanso para comer, hidratarnos bien y decidir qué siguientes pasos íbamos a tomar como equipo. El calor si había bajado un poco los ánimos y comenzamos a debatir qué decisión tomar, si continuar el recorrido o intentarlo en otra ocasión. Finalmente, Silvana y Lydia decidieron no continuar con el recorrido, y Món, Fresa y yo de sí continuarlo. Preparamos nuestras mochilas para la siguiente sección y decidimos ir todas al Pico Cuauhtémoc. Ahí nos despedimos, Sylvana y Lydia bajaron y Món, Fresa y yo continuamos el recorrido rumbo a los Picos llamados Brujas. Es verdad cuando dicen que llegar al Pico Cuauhtémoc es solo la mitad del recorrido, ya que las Brujas tienen su grado decomplejidad, además, de ya tener el cansancio de los picos pasados. Íbamos a buen tiempo, pero hacía mucho sol y calor, pero llenas de valor y emoción continuamos. La suerte nos sonrió y el cielo se llenó de nubes y eso nos permitió poder avanzar de una manera más cómoda.

Poco a poco fuimos dejando atrás cada una de las Brujas. En algunas ocasiones era un poco difícil identificar cuáles eran las cumbres, sin embargo, seguimos constantes porque ahora teníamos que sacarle la vuelta al anochecer e intentar salir de las brujas aún con luz del día. Fuimos encontrando el camino en veredas poco pisadas y llegamos a la Bruja 1, celebramos de la emoción, pensábamos que ya nos faltaba muy poco para terminar el recorrido y aún teníamos luz del día. Pero la Bruja 1 no es el final del recorrido, aún faltaban dos cumbres sin nombre y unos relieves antes de comenzar a bajar para concluir el recorrido en donde se encuentra una cantera. A partir de ahí el camino iba a estar más cerrado, así que comenzamos a prepararnos mentalmente sin pensar en lo que nos esperaría. Llegamos a la primera cumbre sin
nombre y ahí decidimos detenernos a comer un poco, descansar, ver el atardecer y prepararnos para continuar el recorrido de noche. Fuimos encontrando el camino, descubriendo los espacios entre la vegetación con espinas y seguir con nuestra meta. Nos dábamos cuenta de lo afortunadas que éramos al estar en ese lugar, disfrutando de ese cerro, el haber coincidido y del estar disfrutando del esfuerzo de nuestros cuerpos, dando lo mejor de nosotras. Fuimos avanzando a buen paso dentro de lo que cabe, pensando incluso que haríamos menos de 24 horas el recorrido. Nos abrimos camino en la noche, escuchando a la ciudad desde las alturas y nuevamente una bella luna
iluminando nuestro camino. Finalmente, llegamos hasta el último punto posible para comenzar a bajar rumbo a la salida.

Ahora sí se venía lo bueno, ni nos imaginábamos lo que sucedería más adelante. El camino de pronto se cerró y teníamos que ir buscando espacios entre todas las espinas para poder avanzar. Cada paso que dábamos era más complicado y nos encontramos intentando seguir un camino muy cerrado. Comenzamos a caminar como si fuera un zigzag, viendo que no tenía sentido el GPS al cambiar sin sentido nuestra ubicación por el espacio encañonado en donde nos encontrábamos. Llegó un punto en que nos dimos cuenta de que no estábamos avanzando, estábamos en un laberinto y eso comenzó a afectar los ánimos, además por el cansancio y la noche. Se sentía cierta frustración de ver la ciudad tan cercana y a la vez tan inaccesible. Nos detuvimos a descansar, nos comunicamos con el equipo de apoyo para compartir nuestro estatus, para desahogo y para consejos de siguientes pasos. Hicimos un plan para seguir el recorrido, así que coincidimos en que teníamos que avanzar hacia la cantera y que abriríamos nuestro camino para terminar. Nos dimos ánimos y nos preparamos para seguir sin detenernos. Dentro de lo que cabe teníamos todo a nuestro favor, teníamos un súper equipo que nos apoyaba, teníamos señal de celular, un localizador satelital, estábamos muy cerca de la ciudad, y la noche era fresca.
 
Continuamos bajando, abriendo nuestro camino y espinándonos hasta el alma. Nos animó mucho ver que lo estábamos logrando y estábamos cada vez más abajo y más cerca de la salida. Lo íbamos a lograr, nos acercamos más y a lo lejos comenzamos a ver la maquinaria de la cantera. No pudimos esperar y comenzar a saltar de la emoción de haber salido de ese laberinto de espinas y estar a punto de encontrar la salida. Nos fuimos acercando, pero algo no nos hacía sentido, de pasar de un mar de espinas (donde era todo un reto avanzar), a pasar a un espacio en donde toda la vegetación estaba cubierta de un denso polvo (donde era imposible no estar estornudando al caminar), a pasar a un espacio grande de terreno donde no había ninguna planta, en donde todo estaba desmontado. Avanzamos con incredulidad por lo que veíamos y de pronto nos dimos cuenta de que el camino donde se encontraba la salida con anterioridad, ¡ya no existía! Había sido dinamitado, donde estaba antes la salida señalada, ahora era un gran barranco y nada más.

En ese momento nos hizo click que ese espacio estaba desmontado porque tristemente iba a ser el siguiente pedazo de cerro en ser dinamitado y esto nos puso tristes y claramente, también los nervios de punta. No había duda que estábamos en propiedad privada, en una zona de riesgo al ser un terreno con tierra ya inestable. Además de tener una gran incertidumbre al no saber qué protocolos tienen cuando detonan ahí. Tomamos muy por sentado que esa salida era la única opción ya que quienes realizaban esa aventura salían por ahí. Intentamos explorar un poco, pero sentíamos la inestabilidad de la tierra y al final decidimos pedir apoyo. Nos comunicamos con el equipo de apoyo y se tomó la decisión más prudente que pudimos tener, esperar. Se habló con la cantera y se comentó que no habría detonación, lo cual nos puso más tranquilas y con el apoyo de Javier Flores, Dorian y Pantoja, se comenzó una búsqueda de una nueva salida del sitio
en donde nos encontrábamos.

Llegamos hasta el último punto al que pudimos llegar, esperamos y finalmente terminamos entrando a la cantera para concluir el recorrido. Acompañadas con Dorian y Pantoja, los empleados de la cantera nos escoltaron hacia la salida de la cantera y no pudo ser más claro que no se debería de salir por ese sitio. Finalmente, salimos de la cantera y pudimos darnos la oportunidad de festejar, con enormes sonrisas de oreja a oreja.

Después de 28 horas logramos finalizar esta aventura llena de aprendizajes. Donde aprendimos un poco más de nosotras mismas de manera individual y como funcionamos como equipo bajo circunstancias esperadas e inesperadas. Nos dimos cuenta de la importancia de confiar en nosotras mismas, así como en nuestras capacidades y criterios. Y muy agradecidas con todas las personas que nos apoyaron en cualquier punto de todo este proceso. Definitivamente Mitras es una montaña que nos pone en nuestro lugar y nos enseña lecciones inolvidables y sobre todo en nuestra manera de ser, estar y convivir en la montaña. Al final todo salió bien y es una experiencia que sin duda recordaremos con mucho gusto.

Fatima Canales
Fatima Canales

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