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Por Juan Lopez y Joel Mancina

Los miedos, son esos demonios que todos tenemos y que pocas veces nos atrevemos a enfrentar.

Decididos a ver de qué estamos hechos, nos aventuramos a vencer algunos de ellos en un reto que pocos se atreven a desafiar: 240 kilómetros a lomos de bici de montaña a través de los paisajes más hermosos que la Sierra Madre nos puede ofrecer.

La salida programada a las 5:00 de la mañana, como es de esperarse, se prolongó por minutos agregándole cuarenta más a lo esperado, y aun con la pesada noche en la espalda, encendimos luces de colores estroboscópicas para arrancarnos enchamarrados y expectantes atravesando una bulliciosa ciudad con automóviles circulando en un número inusual para ser domingo por la madrugada.

El frio mañanero nos despertó lo suficiente para mantenernos alerta por los inicios del recorrido y recibir algunos saludos amistosos (y otros no tanto) de los desvelados que circulaban por las calles sin iluminación de la metrópoli. Hasta que tomamos la carretera Nacional.

Los primeros rayos de luz fueron dibujando siluetas de colores pardos a nuestro paso y el oriente anunciaba la salida del sol pintando en colores naranja y rosa las escasas nubes que coronaban la serranía del Cañón del Huajuco, hasta nuestro arribo al Municipio de El Cercado, donde apenas asomó sus amarillos brazos, el frio se intensificó para calar en los huesos de los que empezamos a subir por la camino a la Cola de Caballo. Un ascenso que no pararía sino hasta unas 8 horas después.

La cuesta que nos llevaría al Puerto del El Manzano, 18 kilómetros arriba es de esas que te permite ir calentando músculos y huesos, pero rodeado de una exuberante naturaleza que va dejando sus olores y colores grabados en la memoria de los que nos atreveos a retar la pendiente cada vez más pronunciada y dejando a nuestra espalda una postal del Valle que arropa entre niebla y destellos de sol los pueblos mágicos de Santiago y el Cercado.

Subimos entre pláticas y risas…. Recordando anécdotas y escribiendo nuevas historias. Platicando y pedaleando; una combinación que relaja cualquier estrés que se haya acumulado en el transcurso de la semana que se entierra en domingo.

Coronar EL Manzano fue nuestro primer logro, y a pesar de que el Sol estaba en su mejor posición, el aire frio nos recordaba que el día estaría llenos de altibajos en la temperatura, por lo que sacamos las chamarras de las mochilas y nos enfundamos en ellas para el descenso hasta la Cienega de González, donde ya nos esperaba Fito con el mejor machacado de la Región. Y así fue.

Llegamos directo a pedir el Machacado en su versión “tacos para llevar”. Nos sirvieron sendos platos del machacado a la mexicana envueltos en la tortilla de harina con aroma a mantequilla que endulzaba los sentidos. El hambre ya era suficiente para dar cuenta de un taco tras otro, hasta quedar satisfechos y con la recarga suficiente de proteínas y carbohidratos para continuar con el recorrido, que a partir de ese momento sería en ascenso hasta la cota máxima.

El camino hasta el entronque a los Lirios, antes de llegar a Laguna de Sánchez es de los más escénicos que conozco. Atravesamos por los cañones con paredes interminables donde se ve la grandeza del que insistimos en llamar “Dios” y la insignificancia que representamos los que andamos a sus pies, o rodamos por mejor decirlo. Los sentidos estaban alterados ante tanta belleza y las sonrisas de los que nos adentramos en sus entrañas era imposible ocultarla….

Subidas y más subidas, hasta la ultima cuesta que nos avisaba que la parte emocionante del recorrido estaba por empezar.

Después de un descanso breve y recargar de agua nuestras reservas, arrancamos con la segunda etapa del ascenso por la carretera a lo Lirios. La primera meta seria escalar 12 kilómetros hasta las Boquillas, una pequeña comunidad todavía dentro del municipio de Santiago, que nos ofreció su hospitalidad destapando una cerveza para cada uno a nuestra llegada.

El ascenso hasta este punto estuvo lleno de retos. Las escaladas eran seguidas de unos cuantos descensos rápidos, tan solo para a catapultarnos nuevamente a otro “chipote” de ascenso que hacía que nuestras piernas no terminaran por acostumbrarse a los cambios de ritmo. El temor a los calambres estaba presente…. Así que cuidamos al máximo la hidratación para evitar que alguno de ellos se adueñara de nuestra insana intención de superar nuestra meta.

En ese camino espectacular, lleno de los aromas más exquisitos de pino y yerbaniz, de colores saturados de vida y de sonidos de los animales de la zona, nos encontramos en descenso a los aventureros que hicieron el recorrido de los Lirios a Cienega de Gonzáles con el buen Abel Salinas Rodriguez y su pandilla: IL Tigre, Marie Stone, Juan Jose Alorda, Geremy Sal, Luis Ramon Rmz Garcia, Chapadosky Mtb, Alexy Roman Alvarado, Javier Ramos….. Pudimos saludarlos y tomarnos algunas fotos con ellos. El gusto de vernos en ese punto paradisiaco fue mutuo. Y después, cada uno siguió su camino.

Conforme avanzamos en el ascenso, el cansancio iba haciendo mella en la constancia del esfuerzo, pero no en los ánimos. Seguimos con la charla (cada vez menos….) y con alguna broma que despertaba el letargo de las horas transcurridas sobre la bici. La meta se acercaba… coronar la cota más alta del recorrido, con la promesa que de ahí para adelante ya sería “bajadita”…. Cosa que aunque era cierta, relativamente no sería tan fácil.

AL fin, alcanzamos los 2,448 metros sobre el nivel del mar. Lo más alto del recorrido estaba bajo nuestros pies después de casi 10 horas de pedaleo constante. Del otro lado de la cumbre se podía ver el valle que nos llevaría directo hasta la población de los Lirios. Nos enfilamos a toda velocidad y en unos cuantos minutos ya descendíamos de las bicicletas en la plaza de la comunidad, ante la mirada atónita de pobladores, visitantes y uno que otro perro que no supimos definir si nos veía con asombro o con malicia.

Nos detuvimos unos minutos para rehidratarnos y comer algo, pues el descenso hasta el siguiente punto, Arteaga Coahuila, aún distaba 40 kilómetros aproximadamente. El sol ya daba señales de poca vida. Lagañoso y tímido se fue ocultando lento hasta desaparecer detrás de unas montañas azules y llevarse el poco calor que desprendía, dejándonos abrazados de un frio que empezaba a calar por todos lados. El viento del norte soplando fuerte y las piernas cansadas hacían más penoso el avance en algunas cuestas que nos tocó enfrentar antes de ver con esperanza el entronque a la carretera a Matehuala, donde nos incorporamos con rapidez y descender entre el rugir de los tráiler y trasportes pesados que frenaban con motor por toda la pendiente… y llegamos.

Arteaga nos recibió con los últimos hitos de luz. Las lámparas frontales y traseras ya estaban encendidas cuando dimos con la plaza principal, atiborrada de paseantes y vecinos del Pueblo que veían curiosos nuestro aso entre las calles empedradas. Niños señalándonos con curiosidad: “Mira papá, ahí van esos con sus luces!!!”.

Llegamos al primer puesto de comida que estaba en la esquina norte, nos deshicimos de mochilas, cascos y guantes y nos sentamos para pedir prácticamente lo primero que se aparecía en el menú. La mayoría coincidimos con unas enchiladas rojas, y alguien más pidió un chile relleno, los respectivos refrescos y a cenar!… la comida nos devolvió el ánimo y la fuerza para seguir. Nos faltaba aún la parte más peligrosa del recorrido.

SALTILLO MONTERREY…. DE NOCHE.

Quien diga que la carretera Saltillo-Monterrey es de “bajada”, es por que jamás lo ha hecho en bicicleta….

De Arteaga, salimos por el libramiento de unos 12 kilómetros aproximadamente hasta entroncar con la carretera a Monterrey. EL viento era ya fuerte y frio y frenaba con insistencia nuestro avance.

El recorrido por la carretera a Monterrey de noche, ha sido uno de los más adrenalínicos que he realizado. Aunque llevábamos luces de advertencia en cascos y bicicletas, y frontales; sentir el roce de los tráileres al pasar a toda velocidad a escasos dos metros de nosotros, puso en alerta todos nuestros sentidos.

Ordenados en fila de 1…. Esquivando la suciedad del acotamiento y casi a ciegas, pues las luces frontales no eran suficientes para advertir de algún clavo o fierro suelto que pudiera dañar las bicicletas. Nos fuimos más por instinto que por consciencia. Aun así, el sonido de piezas metálicas que al pisarlas con nuestras ruedas saltaban a los lados, se convertiría en la melodía que nos acompañó por gran parte del descenso. El aire frio y en contra seguía haciendo que el descenso fuera tortuoso….. y decir “descenso” era relativo.

Aunque en su mayoría, la carretera es “en bajada”, tiene una gran cantidad de “columpios” que nos obligaba a cambiar de ritmo constantemente, a imprimir fuerza en la subida y a sentir como los fantasmas de los calambres mordisqueaban los muslos y chamorros.

Nos confiamos al salir de Arteaga y no recargamos agua, pensando que el descenso sería rápido y sin contratiempos, pero el aire seco y frio, el esfuerzo para el avance y los nervios de sentir que nuestra vida dependía de que un trailero alcanzara a ver las lucecitas de colores a la distancia, secaron nuestras reservas. Estábamos deshidratándonos y en esos 70 kilómetros de descenso, no encontramos una fuente de abasto en ninguna parte.

Pasamos el letrero que nos daba la bienvenida a Nuevo León, y pensamos que ya habíamos llegado… pero unos metros más adelante, otro anuncio nos regresaba a la realidad cuando nos anunciaba: “Monterrey 48 km”… aun faltaba una distancia larga por andar, y poco a poco las reservas se iban agotando.

Apenas entramos a la Ciudad, un OXXO nos sonrió con esperanza. Nos detuvimos a sus puertas y tomamos líquidos para reponer los perdidos…. Y una lluvia ligera empezó a caer sobre nosotros….

Emprendimos la marcha, atravesamos Santa Catarina con la lluvia sobre la espalda, y llegamos a Monterrey para enfilarnos por Gonzalitos con destino al punto de partida… el reloj ya marcaba las 10 de la noche y al fin llegamos

EPILOGO

Logramos recorrer 241 kilómetros en uno de los viajes más demandantes que hayamos hecho en grupo. No es la distancia, que de por sí es larga… es la dificultad en los ascensos, el clima que nos zarandeó entre los 4°C y los 31°C, la deshidratación y el hambre (dejamos más de 10,000 calorías embarradas en el recorrido). El dolor y las molestias en piernas, cola y espalda… ¿Para qué?… tan solo para vencer algunos de nuestros demonios. Esos que a veces nos atormentan con un “no podrás”, “nunca lo lograrás”….

Para mí, fue un “retiro espiritual”… es una forma de poner en paz mis inquietos sentimientos y mis alocados pensamientos. Es una forma de exorcizar los diablillos de la incertidumbre, la desconfianza y la falta de fe….. 100 kilómetros lo arreglan todo, 241 cauterizan el alma!.

Gracias a los que creyeron en ellos mismos y decidieron vencer sus miedos, y gracias a sus familias por permitirles salir a jugar conmigo un rato… bueno 16.5 horas de juegos en el patio trasero de Monterrey, las cuales espero no les haya dado mortificaciones adicionales, ya que en muchas horas sin conexión de celulares estuvimos perdidos en el silencio de la naturaleza… en las manos de Dios: Paco Sifuentes Guerrero, Jose Luis Rodriguez, Juan José López Flores, Rubén Darío Leal.

Nos vemos en la siguiente aventura…. Nos vemos en el siguiente exorcismo….

Juan José López Flores 33, años 7 años en el ciclismo de montaña y urbano

CoFundador del equipo Híbridos MTB
Lic Educación Física y Deportes

Hazañas y o carreras importantes
24horas Bicivoladores Bioparque Estrella en equipo intermedio de 3 integrantes logrando un primer lugar de categoría y primer lugar de la vuelta más rápida en las 24 horas, Ultradistancia de 10horas en bici primer lugar de categoría y primer lugar General haciendo 319.8 kilometros sacando ventaja de 9kms al segundo lugar, 3er lugar 24hrs Bicivoladores La cumbre logrando un 3er lugar abandonando carrera por bici descompuesta recorriendo 230kms en 20 hrs en un circuito de 8kms de Cross Country, mi recorrido más largo en bici son 250kms en 14 horas subiendo por Santiago y regresando por Arteaga, espero volver a hacerlo y seguir sumando muchos kilometros mientras la vida me lo permita próximo año esperemos viajemos a otros estados para explorar nuevas rutas en la bici de montaña.


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